Por: Freddy Ayala Plazarte
A Cristian
Avecillas lo conozco hace unos dos años, leyendo poesía en la costa Manabita,
muy cerca del cerro jaboncillo, donde
el ceibo es un místico símbolo de la antigüedad,aquel Manabí rojizo, donde uno
no sabe que la fuerza de un aplauso puede conducirnos a llegar a visiones
cósmicas, donde la gente más común y obrera puede asumir desde la poesía un
mundo suyo, y tatuado en el verso.
Y más allá del
Premio Nacional de Poesía “César Dávila Andrade” (Cuenca, 2010), que hace unos años recibió el libro Ecce
Homo (como se llega a ser lo que se es), o si vemos el significado
judeo-cristiano, Pilatos dijo a Jesús; <He aquí al hombre>, lo que pretendo
hacer hincapié en Cristian es su trabajocon la imagen del hombre y la mujer
para reconstruir otra imagen; afirmación del ser, y ahí está la poesía, la belleza, el cuerpo, el verso,
sustituyendo la piel, el sentido del ser en
la apariencia, una sublime búsqueda del sentido.
Ecce Homo, nombra el cuerpo para constatar un sentido en la
existencia; ¿Dónde, tú en el yo que te
imaginas?.Ecce Homo es un espejo para condensar la materialidad del cuerpo
y la legitimación del sujeto que habita en el cuerpo; un cuerpo físico y un
cuerpo ausente. Imagen del silencio que habita en cada mutación hacia un final;
Ya no crece el cuerpo,/Crece el fin.
Yen esta premisa el cuerpo está ausente, quieto, y es la poesía la que habita
el cuerpo, y entonces como lectores aventurados nos interrogamos; ¿Qué se
esconde atrás de un cuerpo? ¿Quizá una suma de identidades?, o como Lacan
afirmaba que en el masculino existe la feminidad y en el femenino habita una masculinidad,
y el poeta nos dice; Y el poema,/ Suma de
mujeres fecundadas con promesas, (…)/Sótano de un hombre en donde sueña un
antropófago, (…), acaso el hombre es la pulsión interminable del “ser”, es
la misma ceremonia de encontrar en la mujer el enigma de lo silente.
Como señala
LyndaNead “el cuerpo femenino sigue siendo un perturbador recipiente tanto de
lo ideal como de lo contaminado”; Cristian idealiza el cuerpo de la mujer hasta
hacerlo imagen.¿Quizá el hombre necesita devorar una imagen femenina para
sentir que ha devorado su propia imagen?, este libro respira en los arquetipos
occidentales del hombre, amante, trabajador, místico, conviviente, mortal,
dionisíaco, social, victorioso, y al nombrar estas disciplinas masculinas constatamos
lo que Nietszche decía; “Mi sabiduría ha consistido en ser muchas cosas y
muchos lugares, a la vez, para llegar a ser la misma cosa”, es posible que el
hombre deba llegar a un grado femenino para contestar su propia condición en el
mundo; la de “ser” a pesar de la diferencias, la de plantear la condición
humana de lo vivido y lo no vivido.
Porque a
Cristian le preocupa la condición del hombre, la preservación de una imagen en
lo ausente, es ausente el hombre en la perspectiva de que ya lo nombra;Recordarás que el verso es arrancar el arte
en/ donde todos pueden conservar al hombre, (…)
A veces uno
siente la angustia del cuerpo en el sueño, no hay posibilidad de llegar al
placer sin el cuerpo, el poeta es un semidios
que vigila el olvido de sus semejantes; Y
ante ti ha dejado a un dios orgánico/ que clama la potencia de otro dios. Para
Cristian el nacimiento, el génesis del deseo, está en la comunión del otro; Y le dices: Yo que toco al hombre como el
arpa: /Iré a tus brazos;/ Diré nací.
Ecce Homo utiliza la metáfora para llegar al “ser”, es decir
simboliza al hombre y a la mujer para hablar de sí mismo, acaso este binario es
el argumento de lo que hemos sido, sujetos deseantes, aquí hay poesía
subversivaporque edifica el cuerpo en las palabras,no es la forma del cuerpo,
es el lenguaje que hace al cuerpo, así se muestra en estos versos; Toda tú en planeta en donde al hombre
multiplicas./ Y la vida aún no comienza/ Y la carne aún no está escrita: /
Puedes destinarme a la fragancia.
Nietzsche en
su discurso de lo humano argumenta que “Se paga caro ser inmortal. Hay que morir
muchas veces a lo largo de la vida”. Morir en el rostro del otro, morir
internamente para estar en el ocaso. Esto nos convoca a pensar en el espectro
de percepciones que vivimos, además, constituye un nexo umbilical entre el
“ser” físico y espiritual, sabe que la carne tiene un fin, pero también sabe
que el poema es un cuerpo que no ha encontrado un fin.
Y Kant
describía la bello como lo sublime, en el sentido ético del ser.¿Y acaso Ecce Homo traspone la imagen poética en
un cuerpo poético y lo vuelve hacer imagen en la letra?, a pesar que Judith
Butler deconstruye la imagen del cuerpo como una imagen que cada día se
reconstruye y se reconoce desde diversas identidades, Y se dicen uno al otro y al unísono: / Sembraremos las parábolas del yo
/ En las tierras íntimas del tú/ Para que florezca un nosotros.
Y retorno a
los versos de Ecce Homo; Y ella dice; Tu verdad será mi orgasmo. Aquí
el erotismo, ha sido transgresor, porque la verdad ya no se fundamenta en un
principio moral, la verdad se fundamenta en la cinética de dos cuerpos, porque
el cuerpo es el escenario de las heterogeneidades, el escenario del micropoder,
el escenario donde acaba el silencio para iniciar otro silencio.
Esta es poesía
en la medida que evoca la necesidad del “ser”, un hombre que erotiza el
sentimiento en la piel, un hombre que resuelve su angustia en el encuentro del
otro, un hombre que es fluido y presencia física, pero aquí me pregunto; qué
sucede después del “yo”, que viene después del “otro”, y ahí responde el poeta,
con el verso, aquel verso que no finaliza en la vigilia del ojo, aquel verso
que continúa reescribiendo la ausencia de los cuerpos; Y le dices: Sé mujer y mira al hombre como miras al vacío./ Porque el
hombre que te ha dicho la verdad/ ya se ha olvidado de sí mismo. Acaso
desmigajar las palabras implica deshacer cuerpos ante el mundo.
Sin embargo; el
hombre y la mujer son dos memorias mutables para representar otros cuerpos en
el poema, símbolos de poder, para condensar la empatía, porque en la poética de
Ecce Homo la sombra de un hombre no
es un hombre, es una mujer, y quizá las dimensiones reflexivas empoderan un
espejo en la imagen femenina.
Eres cuerpo reemplazado por un nombre, eres cuerpo
reemplazado por un fin… (…), y en estos versos la palabra es la que edifica el cuerpo,
sin la palabra no es posible el cuerpo, la ausencia es el resumen de lo
impostergable. Y Cristian piensa en las dimensiones eróticas cuando dice; La mujer cuando ama es inexplicable/ El
hombre que ama es animal. Si el hombre es pulsión, instinto, angustia,
estamos, entonces, ante una mirada antropofágica que también necesita devorar
la imagen para poder devorar el cuerpo.
Más aún; el
bestiario que constituye al “ser”, la animalidad, principio de un encuentro
caótico, pero esencial; Animal que solo
entiende la belleza entre las sombras, una barbarie que emerge en un
espacio marginal, donde el ser no vocifera, donde el ser se contesta en la medida que se interroga.
Y finalmente
en EcceHomo hemos empoderado la
imagen del hombre como un perpetuo agente de la palabra, como un inquieto
arquitecto del lenguaje; Poeta, Criarás
en el lenguaje tu retrato, acaso después del cuerpo el “ser” necesita ser
imagen, necesita; inventar la carne donde
no hay persona, es más fuerte la percepción que lo no-vivido, porque el
hombre no puede llegar al extremo del silencio sin su semejante; la mujer.
Cristian has
logradoresponder al ser, desde la vulnerable temporalidad del mundo.Ecce Homo, es un libro donde olvidamos
al cuerpo y retornamos al “ser”, un poemario sutil, prosaico, reflexivo,
filosófico,donde se eliminan los esqueletos y se construyen formas poéticas con
la letra, y la piel es el registro de un tiempo, donde uno se queda interpelando:
qué grado de masculinidad o feminidad habita en cada “ser”.
MI PADRE EN LAS RIELES DE SUMPA
Por: Paúl Puma
Dice Martin Heidegger en La cosa: “Lo
terrible (Entsetzende) es aquello que saca a todo lo que es de su esencia
primitiva. ¿Qué es esto terrible? Se muestra y se oculta en el modo como todo
es presente, a saber, en el hecho de que, a pesar de haber superado todas las
distancias, la cercanía de aquello que es sigue estando ausente”. Algo así se
puede vislumbrar en Mi padre en las
rieles de Sumpa de Freddy Ayala Plazarte. Es innegable esa ausencia que trastoca
al lector cuando se ha culminado la lectura del libro, como decía Octavio Paz:
el poema empieza cuando acaba el poema.
La poesía se nos manifiesta como un objeto. Un objeto que se emplaza
frente a nuestros ojos: Creep: el
término en inglés se acerca a la noción de un talud que se ve sobrecogido,
abatido y al final arrastrado sobre sí mismo y deviene en esa nada prodigiosa que busca el canto
voluntario del que recuerda, del que recoge restos de la memoria: tulipanes
florecientes, bebederos de miel, visiones en fuentes subterráneas, néctares, deja
vu, desde las postrimerías de la palabra, cito: “ el cuaderno de aves, el
abrigo para los mastodontes donde fósiles del megaterio guardaron absoluta
memoria…” subráyese esta última palabra, pues tiene el propósito de redimir.
Heidegger, el maestro, dice: “¿Será que la cosa no se ha acercado aún lo
bastante para que el hombre haya aprendido a prestar atención de modo
suficiente a la cosa como cosa? ¿Qué es la cercanía? (…) El acoger necesita del
vacío como de aquello a lo que acoge. La esencia del vacío que acoge está
colocada en el escanciar (obsequiar). Pero el escanciar es algo más rico que el
mero verter hacia afuera.”
Heidegger está loco pero en su locura atisba a decir algo importante: se
halla riqueza, diamantes de bruma, aloe, en la entrega del texto, cito:
“Mientras mi padre temía a la pala de un celador / sus ropas manchadas de
tierra y la escarcha de mis ojos desdibujaban pelusas / yo iba al puente de
ágata / cargando un par de imágenes con el frío en las encías / para encontrar
/ las proporciones de mi infancia / dedicado a contemplar / la desgastada
columna de un anciano”: Freddy nos ofrece la figura de su padre con la
intención de volverlo más que un personaje en fruición, en fundido con la
sustancia poética, cito: “a mi padre ya nadie interrumpía el sueño/ solo yo era
quien despilfarraba su nombre / en el labio de un hacha / solo yo pretendía /
desempolvar la arcilla de un maniquí / y aferrarme a su resbaloso plástico”.
Freddy ha recogido el icono clave de su padre y el imaginario plagado de
ancestros de Sumpa (simbiosis de nuestras regiones del país) para conjugar un
poema dividido en doce partes donde desnuda su propuesta poética como una suerte
de “(paréntesis cósmico)”. Al final colgamos como él “anaqueles en el
silencio”, nos consolamos con “huérfanos peces”, buscamos “los horizontes de
nuestras inexorables almas en el espejo”, hurgamos en el génesis de la
melancolía” para colocarnos ante el hito: uno, aquel donde radique nuestra
identidad y se premie a aquella antigüedad del fuego que los escribientes
buscamos con honda desmesura.
Con el libro que nos ha congregado aquí, Freddy Ayala irrumpe en la Literatura ecuatoriana
con la inteligencia y sencillez necesarias para ocupar un lugar en la actual
poesía joven del país. Él ha hecho al contrario de algunos advenedizos que ni
siquiera empiezan y ya se creen literatos-paradigma, literatos-canon, literatos-academia,
literatos-crítica, literatos siquiera y pretenden emerger acabando con los
otros –craso error del que tantas veces habló nuestro maestro muerto
Jorgenrique Adoum– o arrimándose a modas como el neobarroco, con una escritura
sintomática, automática, críptica y estúpida que se pervierte a sí misma o que
se autoflagela o que comparte con los demás su absurdo por el absurdo. Ojalá
fuese por el neobarroco per se, ni
siquiera es por el movimiento de la escritura, tiene que ver con el factor
hedónico que anima a algunos de sus autores, por ejemplo con la presentación de
sus premios locales como si fuesen nacionales más allá de la frontera o la
experticia en el marketing y las relaciones públicas. Aquello contrasta con la
creación seria y comprometida con la palabra de Plazarte que expresa como
principal mérito la responsabilidad frente al contenido –decidido– y la forma
–consecuente– desde sus inicios en este oficio tan difícil pero tan compensador
al mismo tiempo.
A Ayala lo conocí cuando tuve la oportunidad de prologar La metálica luminosa: un ensayo suyo acerca
de Hugo Mayo, ahora tengo el gusto de presentarlo a él y a Mi padre en las rieles de Sumpa.Antes, como hoy, le deseo a Freddy el éxito verdadero que quizá radica
en la conquista del que considero es un sinónimo de la palabra la palabra
éxito: la humildad: el fulgor y la superación del propio yo. Después de haberme
acercado a su literatura sé que tiene el talento para eso y mucho más.
Gracias.
Lunes, 27
noviembre 2011